Qué tener en cuenta antes de encargar una casa de diseño

por | Jun 4, 2026 | Sin categoría | 0 Comentarios

Hace unos meses recibimos en el estudio a una pareja que llevaba dos años acumulando referencias en un tablero compartido. Setecientas imágenes. Cero conversaciones reales sobre cómo querían vivir. Y ese, justamente, es el problema que vemos repetirse cada semana: la mayoría de quienes llegan a encargar una casa de diseño han pensado en el resultado antes que en el proceso, y eso pasa factura.

Este artículo no va a ser amable. Vamos a contarte, sin envoltorios, lo que descubrimos tras más de una década dirigiendo proyectos residenciales: dónde se pierde dinero, dónde se pierde tiempo y, sobre todo, dónde se pierde la oportunidad de tener una vivienda realmente bien hecha. Si esperabas una guía optimista, mejor cierra la pestaña.

El primer error: empezar por Pinterest y no por el briefing

¿Sabes qué porcentaje de los clientes que entran por nuestra puerta llega con un tablero de inspiración pero sin haber respondido a las cinco preguntas fundamentales sobre su forma de vida? Cerca del ochenta por ciento. Y ahí empieza el desastre.

Un proyecto residencial bien hecho nace de un documento aburrido, sin fotos bonitas, donde se describe cómo desayunáis los sábados, dónde se va a hacer deporte, si los abuelos se quedan a dormir tres veces al año o veinte. Eso es el briefing real. Lo otro, las imágenes guardadas en redes sociales, es decoración mental.

El problema de empezar al revés es que las referencias visuales contaminan las decisiones funcionales. Total, que acabas con una cocina abierta porque “queda bonita en las fotos” cuando en realidad odias el ruido mientras alguien cocina. Lo hemos visto muchas veces y siempre acaba igual: tabicando esa cocina dos años después.

Las cinco preguntas que deberías haber respondido antes de la primera reunión

Cuántas personas vivirán de forma estable y cuántas de forma esporádica. Qué actividades realizáis dentro de casa que necesitan espacio dedicado. Qué orientación te resulta intolerable (sí, hay gente que no soporta despertarse con sol y eso cambia el proyecto entero). Cuál es vuestro umbral económico real, no el deseado. Y qué plazo de mudanza es innegociable.

Confundir vivienda de autor con vivienda cara, una trampa frecuente

Aquí hay un malentendido muy extendido. Una vivienda de autor no es necesariamente cara, ni una vivienda cara es necesariamente de autor. Son dos ejes que no siempre coinciden, aunque la mayoría los trata como sinónimos.

El valor diferencial de un proyecto a medida está en la adecuación, no en el precio del granito. Es perfectamente posible construir una vivienda singular con materiales contenidos y unos honorarios sensatos. Lo que la convierte en “de autor” es que ningún metro cuadrado es genérico: cada decisión responde a un porqué específico de esa familia, en esa parcela, con esa orientación y ese presupuesto.

¿Significa esto que será barata? Jamás. Pero el sobrecoste respecto a una promoción estándar suele rondar entre un quince y un veinticinco por ciento, no el doble como mucha gente teme. Y la durabilidad del resultado compensa esa diferencia en plazos de uso de quince a veinte años.

Si lo que buscas es estatus visible, hay caminos más rápidos. Si lo que buscas es habitar de otra manera, entonces hablamos del mismo idioma.

Por qué elegir mal al estudio te costará más que cualquier sobrecoste

La decisión más cara que tomarás en todo el proceso no es el material de la fachada. Es a quién contratas para dirigirlo. Y la mayoría de la gente la toma en función de criterios equivocados: cercanía geográfica, recomendación de un primo, precio de honorarios o, peor aún, fotos bonitas en Instagram.

Nosotros hemos rescatado proyectos de colegas que abandonaron a mitad de obra. Hemos visto presupuestos disparados un cuarenta por ciento porque el técnico contratado no tenía experiencia en suelos con pendiente. Hemos atendido a familias que llevaban tres años con licencia denegada por un planteamiento normativo desafortunado desde el principio.

Qué deberías mirar realmente antes de firmar nada

Mira proyectos terminados con cinco años de uso, no renders. Pide hablar con dos clientes anteriores sin filtros. Revisa si el equipo ha trabajado con tu tipo de parcela (rústica, urbana consolidada, en pendiente) y con tu presupuesto. Comprueba que disponen de seguro de responsabilidad civil profesional y colegiación al día.

Si quieres entender mejor qué distingue a un equipo capaz de afrontar un encargo así, puedes leer cómo abordamos los proyectos en nuestro trabajo de viviendas singulares, donde explicamos el método paso a paso y se ven obras con uso real.

Vivienda unifamiliar contemporánea con materiales naturales y grandes ventanales

La conversación incómoda sobre honorarios que casi nadie prepara

Vamos al asunto que todo el mundo evita en la primera reunión. Los honorarios profesionales de un proyecto residencial completo (proyecto básico, proyecto de ejecución, dirección de obra, dirección de ejecución y coordinación de seguridad) suelen situarse entre el ocho y el doce por ciento del presupuesto de ejecución material. En proyectos pequeños, ese porcentaje sube. En proyectos muy grandes, baja.

¿Te parece mucho? Compáralo con lo que cuesta no tenerlo. Una mala distribución detectada en obra cuesta entre tres mil y veinte mil euros corregirla. Un cambio de instalación a mitad de ejecución, parecido. Una licencia denegada por mal planteamiento puede paralizar el proyecto un año. Los honorarios bien empleados se amortizan solos.

Lo que sí debes negociar y lo que no

Sí: el calendario de pagos, las fases incluidas, qué pasa si decides no continuar tras el anteproyecto, qué entregables exactos recibirás. Hay que firmarlo todo.

No: el porcentaje a la baja sin entender qué fases se sacrifican. Cuando un técnico te ofrece honorarios un cuarenta por ciento por debajo del mercado, alguna fase ha desaparecido del contrato. Generalmente la dirección de obra, que es donde realmente se decide la calidad del resultado.

Plazos reales de un proyecto a medida (los que no aparecen en ninguna web)

Aquí viene el dato que más decepciona en la primera reunión. Un proyecto residencial unifamiliar bien hecho, desde la firma del encargo hasta las llaves, no baja de veintidós meses. En el mejor escenario. En el escenario medio, son entre veinticuatro y treinta meses. Hemos tenido casos de treinta y seis cuando hubo problemas urbanísticos o constructivos imprevistos.

Desglosamos por fases para que entiendas dónde se va el tiempo:

  • Briefing y anteproyecto: entre seis y diez semanas.
  • Proyecto básico y tramitación de licencia: entre tres y siete meses según ayuntamiento.
  • Proyecto de ejecución y licitación de obra: entre dos y cuatro meses.
  • Ejecución de obra: entre doce y dieciocho meses según complejidad.
  • Recepción, legalización y entrega: entre uno y dos meses.

Si alguien te promete una vivienda unifamiliar a medida lista en doce meses desde cero, o miente o está saltándose fases que pagarás caras después. La cosa es que muchos clientes prefieren creer la promesa, hasta que el mes catorce siguen sin licencia.

Lo que debe estar firmado antes de ver la primera maqueta

Hay un orden lógico que la mayoría de equipos respetan y que tú deberías exigir. Antes de cualquier propuesta volumétrica, deberíais tener firmado el contrato de servicios profesionales completo, con sus fases, sus honorarios, su calendario y sus cláusulas de salida. Antes de pisar la parcela, una nota simple registral actualizada y una consulta urbanística previa al ayuntamiento.

¿Por qué insistimos tanto en esto? Porque trabajar sin contrato firmado favorece a una sola de las partes y nunca es el cliente. Si el equipo técnico te dice “ya lo firmaremos más adelante, vamos avanzando”, eso es exactamente el momento de marcharte.

El segundo documento crítico es el levantamiento topográfico y geotécnico de la parcela. Sin esos dos estudios, cualquier propuesta volumétrica es ficción. Hemos visto anteproyectos preciosos derrumbarse al llegar el geotécnico y descubrir un nivel freático imposible o una capa de rellenos no detectada.

Señales de alarma en la primera reunión con un arquitecto

Después de tantos años atendiendo encargos, hemos aprendido a detectar las señales que indican que una colaboración no va a funcionar. No son sutiles, pero la mayoría de clientes las pasan por alto porque están deslumbrados por la primera impresión.

Primera señal: el equipo enseña renders antes de preguntar cómo vivís. Esto significa que ya tienen una estética preconcebida que van a aplicaros sí o sí. No estáis contratando un proyecto a medida, estáis comprando un molde.

Segunda señal: ningún técnico del equipo visita la parcela antes de la segunda reunión. Si pretenden hablar de volúmenes sin haber pisado el terreno, sin haber visto las vistas reales y la dirección dominante del viento, malo.

Tercera señal: no responden con claridad cuando preguntas qué pasa si decides parar el proyecto tras el anteproyecto. Si la respuesta es vaga, evasiva o incluye frases como “eso no suele ocurrir”, desconfía.

Cuarta señal: te prometen un presupuesto cerrado antes de tener un proyecto básico desarrollado. Eso es imposible. Cualquier cifra dada antes del proyecto básico es una estimación grosera, no un presupuesto.

Quinta señal, y la peor: hablan mal de otros colegas o de la administración local sistemáticamente. Un profesional con criterio no necesita desprestigiar a nadie para venderse.

Qué deberías escuchar en su lugar

Preguntas sobre vuestra rutina diaria, sobre lo que os molesta de vuestra vivienda actual, sobre cómo imagináis el envejecimiento de la casa. Visitas a obras propias terminadas, no a renders. Una propuesta económica desglosada y honesta. Plazos realistas, aunque sean incómodos de escuchar.

El camino correcto: cómo llegar preparado al encargo

Si has llegado hasta aquí, probablemente ya entiendes que no se trata de encontrar el estudio más barato ni el más famoso. Se trata de llegar al encargo siendo un cliente informado. Esto cambia completamente la conversación desde la primera reunión.

Antes de contactar con cualquier empresa de arquitectura, dedica entre dos y cuatro semanas a redactar tu propio briefing en formato texto, no de imágenes. Describe vuestra rutina semanal, vuestras frustraciones con la vivienda actual y vuestros tres innegociables. Ese documento vale más que mil tableros de inspiración.

Después, infórmate del marco urbanístico de tu parcela. Pide en el ayuntamiento una cédula urbanística o consulta previa. Saber qué se puede construir y qué no antes de la primera reunión técnica te ahorrará semanas de propuestas inviables.

El tercer paso es tener claridad económica real. No el presupuesto que te gustaría tener, sino el que puedes asumir incluyendo un veinte por ciento de imprevistos. Sin ese colchón, cualquier desvío convertirá la obra en una pesadilla financiera.

Vivienda unifamiliar en construcción durante la fase intermedia de obra

Una última reflexión que casi siempre evitamos compartir

Llevamos años en esto y hay algo que pocos colegas se atreven a decir en voz alta: no toda familia debería encargar una vivienda singular. Si tu vida cambia mucho cada cinco años, si no te apasiona el proceso de construir, si prefieres dedicar tu tiempo a otras cosas, probablemente una promoción bien elegida te haga más feliz. Y eso está bien.

Esta arquitectura tiene sentido cuando hay un compromiso real con habitar de otra manera, durante mucho tiempo, con un equipo en el que confías. Si esas tres condiciones se dan, el resultado es una de las experiencias vitales más satisfactorias que existen. Si falla alguna, será un calvario disfrazado de revista de decoración.

Ese es, al final, el filtro honesto que recomendamos aplicar antes de levantar el teléfono.

Artículo escrito por Joaquín Millán Villamuelas
Arquitecto, Director Creativo y Fundador de OOIIO Arquitectura. Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM), con experiencia en estudios internacionales como los de Norman Foster (Londres) y Rem Koolhaas (Róterdam). En 2010 fundó OOIIO, estudio de arquitectura creativo enfocado en diseños de espacios únicos y emocionantes, donde la luz, las formas y los materiales se combinan para sorprender mediante un control preciso de la estética. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente, con proyectos expuestos y premiados en múltiples países. Ha participado en diversas exposiciones, conferencias y seminarios en ciudades como Arequipa, Barcelona, Cuenca (Ecuador), Kiev, Guadalajara, Madrid, Milán, Pavía, Sarajevo, Toledo, Valencia, Varsovia, entre otras.

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