
Este tipo de edificios industriales suele caer normalmente en manos de despachos de ingenieros, que apuestan por soluciones más esperables, casi nunca se les encarga a estudios de arquitectura de perfil creativo como OOIIO. Recorriendo cualquier polígono industrial uno puede comprobar enseguida el poco cariño que se dedica a la arquitectura en estos edificios, a transmitir emociones a través de los materiales, las formas, la luz… Es por eso que estamos ante un caso singular, un rara avis en el mundo de los talleres mecánicos.
Como nos decía Le Corbusier, un edificio (industrial) puede ser también como un coche donde todo tiene que estar en su sitio, la máquina de habitar. Un coche debe funcionar perfectamente y por eso priman eficiencia, función. Por otro lado, también tiene que emocionar, transmitir una gran variedad de sensaciones de todo tipo. No es lo mismo conducir un deportivo que una furgoneta, aunque los dos vehículos te lleven del punto A al punto B. Las marcas de coches saben esto muy bien y juegan con las emociones que transmiten sus marcas, por eso en este caso decidieron apostar por salir de lo esperado creando un edificio diferente.
La primera gran decisión del proyecto es reciclar la industria pre-existente y adaptarla a los nuevos usos. Una actitud mucho más sostenible que la idea de demoler y construir algo completamente nuevo, que hubiese hecho la obra más fácil y rápida, pero a la vez se habrían generado toneladas de residuos de forma innecesaria. ¿Una fábrica de cocinas puede convertirse en un edificio de talleres y venta de coches? ¡Claro que sí!
Por una cuestión puramente funcional se adapta la planta baja como espacio comercial y talleres de mecánica y carrocería, dejando las dos plantas superiores como almacén de coches. Para ello hubo que reforzar toda la estructura del antiguo edificio, debido al gran peso que tendrá que soportar ahora. Además, se elimina la antigua cubierta, convirtiéndola en un nuevo nivel extra para almacenaje de coches que ahora se protegen del sol mediante unas pérgolas fotovoltaicas capaces de generar suficiente electricidad para satisfacer el consumo no sólo de este edificio, sino también el de los de su alrededor.
En los laterales se crean dos grandes rampas para circulaciones, que deben convivir con los recorridos de los vehículos de clientes que se mueven por los talleres y tienda del nivel inferior. Añadiendo espacio para oficinas en planta primera el programa de necesidades del edificio queda ya resuelto.
La antigua fábrica de cocinas tenía una fachada de ladrillo pesada y cerrada, con una especie de torreta en esquina aplacada con piezas de granito. Carecía totalmente de aislamiento y pasaba totalmente desapercibida.
Se decide cambiar por completo la relación interior exterior del edificio abriéndolo totalmente a su entorno. Los niveles superiores de almacén, no se climatizan, quedan abiertas al exterior, solo se invierte energía en enfriar y calentar la planta baja, donde estarán trabajadores y clientes.
Unas grandes lamas metálicas blancas de distintos tamaños ancladas a una subestructura color verde menta, estratégicamente dispuestas en todo el perímetro del edificio, se combinan con las chimeneas y respiraderos de la maquinaria industrial necesaria para el funcionamiento de las instalaciones de planta baja. Llevando estas instalaciones a fachada se expone y monumentaliza el carácter industrial del edificio a la vez que se libera el espacio en planta para que puedan circular los coches sin problema
La fachada, con esa combinación de lamas para el control solar y chimeneas industriales, se convierte en el elemento diferenciador del edificio, que se muestra como un gran contenedor de vehículos, sorprendiendo con sus detalles, texturas, juegos formales y de color en medio del monótono polígono industrial.
Las lamas recuerdan aquellas banderolas verticales de los concesionarios de coches, llamando la atención de los compradores. Dan personalidad y carácter al edificio mientras que al mismo tiempo sirven para reducir su consumo energético de forma pasiva, sin necesidad de gastar energía. Cuando uno está en las plantas altas, en medio del caluroso verano madrileño, dentro del edificio hay varios grados menos, no hace calor, la ventilación cruzada atraviesa la fachada y refresca el ambiente sin gastar un solo euro en climatización.
Control solar pasivo, autoabastecimiento energético, recogida de agua de lluvia para reutilización en lavado de coches, reciclaje y adaptación de estructuras anteriores, diseño y personalidad propia… ¡Otro tipo de edificios industriales es posible!
