La semana pasada volví a encontrarme con la misma pregunta por tercera vez en un mes: “¿pero vosotros qué hacéis exactamente desde que firmamos hasta que yo puedo poner la lavadora?”. Es una pregunta justa. Y lo cierto es que casi ningún estudio la responde con fechas, entregables y cifras encima de la mesa.
Así que vamos a hacerlo al revés de como suele contarse. En lugar de describir un método abstracto, y para mostrar de verdad cómo trabaja un interiorista, voy a desmontar un encargo concreto: una vivienda de 95 m² en el barrio de Chamberí, 14 semanas de calendario, cuatro gremios coordinados y una desviación final del 6,8 % sobre el presupuesto inicial.
Una advertencia antes de seguir. Todos los plazos y porcentajes que aparecen aquí salen de nuestro propio control de proyecto, no de una media del sector: no existe ninguna estadística pública fiable sobre honorarios ni duraciones en interiorismo residencial español. (Si alguien te la enseña, pregúntale de dónde la ha sacado.)
Un piso de 95 m² y 14 semanas: el punto de partida del encargo
El inmueble era de 1968. Tres dormitorios, un baño, cocina cerrada de 6,2 m² y un pasillo que se comía 11 m² útiles sin aportar absolutamente nada. Los propietarios, pareja con un hijo de cuatro años, llevaban ocho meses pidiendo presupuestos a constructoras y recibiendo cifras que oscilaban entre 48.000 y 97.000 euros para lo que ellos describían como “lo mismo”.
¿Por qué esa horquilla de casi 50.000 euros? Porque nadie había definido el alcance. Un presupuesto sin proyecto es una apuesta, y quien la paga siempre es el cliente.
Firmamos un 11 de septiembre. Entrega de llaves prevista: tercera semana de diciembre. Catorce semanas que, sobre el papel, parecían holgadas y que en la práctica se nos quedaron en trece y media por un retraso de la suministradora de la carpintería.
Lo que el cliente pedía y lo que realmente necesitaba
Pedían “abrir la cocina al salón y modernizar el baño”. Eso era la petición. La necesidad, que tardamos dos reuniones en destilar, era otra: necesitaban un cuarto espacio de trabajo porque ella teletrabaja tres días por semana desde el dormitorio, y necesitaban almacenaje real porque tenían 14 cajas de mudanza en casa de los suegros desde hacía dos años.
Mira, lo que pasa es que casi nadie llega a un estudio sabiendo formular su problema. Llega sabiendo formular una solución que ha visto en Instagram. Y la diferencia entre ambas cosas es, básicamente, nuestro trabajo.
Qué conviene preparar antes de la primera reunión
Esto nadie lo cuenta y ahorra entre dos y tres semanas de calendario. Si llegas con estos cuatro documentos, la primera visita rinde el doble:
- Escritura o nota simple con la superficie registral y los linderos
- Última factura de luz (ahí aparece la potencia contratada, que decide si cabe inducción)
- Estatutos de la comunidad y actas de los últimos cinco años
- Una lista honesta de lo que no vas a tirar: el sofá, la mesa heredada, la bici
La cuarta es la que más gente olvida. Diseñar alrededor de un mueble que ya existe es trivial en fase de plano y carísimo cuando el mueble aparece el día de la mudanza.
Por qué la mayoría de los problemas aparecen antes del primer plano
Un proyecto de interiorismo se ejecuta en cuatro fases encadenadas: entrevista y toma de datos del espacio, concepto y propuesta de distribución en 3D, planimetría y pliego de materiales, y coordinación de gremios durante la ejecución. Cada fase cierra con un entregable firmado y un pago asociado, y ninguna puede empezar hasta que la anterior está validada por escrito.
Si repaso lo que hemos cerrado en los últimos cinco años, el 71 % de las incidencias graves (las que generan sobrecoste o retraso superior a una semana) tuvieron su origen en algo que ocurrió o dejó de ocurrir antes de dibujar nada. No en obra. Antes.
Los tres clásicos: una medición tomada “a ojo” que luego no cuadra con la realidad del muro, una instalación eléctrica cuya potencia contratada no admite la cocina de inducción especificada, y una comunidad de propietarios cuyos estatutos prohíben tocar bajantes sin acuerdo en junta.
Aquí nos encontramos con el tercero. El edificio tenía un acuerdo de 2019 que limitaba las intervenciones a los meses de septiembre a mayo y exigía aviso de 15 días. Lo descubrimos en la semana 1 porque lo preguntamos. Si hubiera aparecido en la semana 7, todo se habría parado quince días enteros.
Esto, por cierto, es lo que más me cuesta explicar a quien está leyendo nuestra guía sobre cuándo contratar a un interiorista y duda si merece la pena hacerlo antes o después de haber pedido presupuestos de obra a tres constructoras distintas. La respuesta corta: antes. Siempre antes.
Fase 1: entrevista, briefing y toma de datos del espacio
Qué sale de esta fase, en papel:
- Documento de briefing firmado por ambas partes (9 páginas en este caso)
- Levantamiento dimensional con planta de estado actual acotada
- Informe de condicionantes: eléctricos, estructurales y de comunidad
- Reportaje fotográfico completo del inmueble
Duración real: 11 días naturales. Dos visitas presenciales y una reunión de devolución.
La primera visita duró 3 horas y 20 minutos. Más de la mitad del tiempo la dedicamos a hablar, no a medir. ¿Cómo desayunáis? ¿Dónde se deja la mochila del colegio? ¿Cuántas veces al año recibís invitados a cenar y cuántos sois? Esa última pregunta, que parece una tontería, decidió que la mesa fuera extensible de 6 a 10 comensales en vez de fija de 8.
La segunda visita fue puramente técnica y la hicimos con el aparejador. Tres horas, sin cliente delante. Rinde mucho más.
Qué se mide, qué se fotografía y qué se pregunta
Lo medimos todo dos veces y con dos métodos distintos: medidor láser y cinta metálica de contraste. En un piso de los sesenta, las diferencias entre un paño y el opuesto pueden llegar a 4 o 5 centímetros, y ese error arrastrado a un mueble a medida de 3,40 metros te deja un hueco imposible de rematar.
- Cotas de cada paño, altura libre en tres puntos por estancia
- Posición exacta de bajantes, montantes y registros
- Cuadro eléctrico: potencia, número de circuitos, estado del diferencial
- Carpintería existente: hueco, tipo de vidrio, estado del premarco
- Dirección de la luz natural en dos franjas horarias del mismo día
Y fotografiamos sin criterio estético: 214 imágenes, incluidas las cuatro del interior del falso techo del pasillo que nos ahorraron una sorpresa con un conducto de ventilación no documentado.

Fase 2: del concepto a la propuesta de distribución en 3D
Entregables de esta etapa:
- Tres propuestas de distribución acotadas, cada una con su renuncia explícita
- Volumetría 3D de la opción preferida, a 2.400 px y sin atrezo de catálogo
- Memoria de concepto: material dominante, paleta y estrategia de luz
Aquí empieza lo que el cliente percibe como “el diseño”. Para nosotros es la etapa más barata de equivocarse: mover un tabique en un modelo tridimensional cuesta 40 minutos; moverlo cuando ya está levantado cuesta 1.800 euros y cuatro días.
Trabajamos en dos niveles simultáneos. Está el concepto (qué relación queremos entre las estancias, qué atmósfera, qué material manda) y está la distribución pura y dura, que es geometría y normativa. Las dos cosas se corrigen mutuamente.
En este piso, la idea que lo resolvió todo fue sacrificar el tercer dormitorio, que medía 7,1 m² y era inhabitable, para generar un núcleo central de armario pasante entre el dormitorio principal y la nueva zona de trabajo. Eliminamos 9 metros lineales de pasillo. Los 11 m² muertos se convirtieron en 6,4 m² de almacenaje y 4,6 m² de despacho con luz directa.
Cuántas alternativas se dibujan antes de elegir una
Tres. Siempre tres, nunca una ni cinco.
Una sola propuesta convierte la reunión en un “sí o no” y el cliente no aprende nada del proceso. Cinco generan parálisis: lo comprobamos en 2021 con un encargo en Alcobendas donde presentamos cinco variantes y tardamos siete semanas en cerrar la distribución.
Con tres, cada una con una renuncia distinta y explícita, la conversación cambia. Aquí la A mantenía los tres dormitorios y sacrificaba almacenaje. La B abría la cocina del todo y perdía aislamiento acústico. La C, la elegida, eliminaba un dormitorio. La pareja tardó nueve días en decidirse y lo hizo sabiendo exactamente a qué renunciaba.
Qué pasa cuando el cliente cambia de criterio a mitad
Pasa siempre, y no es un problema si llega a tiempo. Un cambio de distribución en esta etapa cuesta cero euros y entre dos y cinco días. El mismo cambio en planimetría ya cerrada cuesta una revisión completa de instalaciones: de 7 a 10 días. Y durante la ejecución, lo que cuesta no es el cambio, es la demolición de lo ya hecho.
Por eso cerramos la distribución con firma. No por burocracia: porque un documento firmado es lo único que permite decir “esto lo decidimos el día 3 de octubre” sin que nadie se sienta atacado.
Fase 3: planimetría, materiales y documentación para ejecutar
Lo que recibes al final de esta etapa:
- Juego completo de planimetría ejecutable (23 documentos, 61 páginas)
- Pliego de acabados con muestras físicas pegadas y firmadas
- Shopping list con referencia, proveedor, precio, plazo y responsable de compra
- Mediciones para que cualquier constructora presupueste lo mismo
Y aquí viene la parte que nadie enseña en redes sociales porque es, francamente, poco fotogénica.
Planta de estado actual, planta de demoliciones, planta de nueva distribución cotada, planta de suelos con despiece, plano de techos con cotas de luminarias, esquema eléctrico con cada punto numerado, planta de fontanería, alzados de cocina, alzados de baño, detalles constructivos del mueble pasante a escala 1:10.
El plano de electricidad fue el que más iteraciones tuvo: cuatro versiones. La cuarta nació de una conversación con el electricista en la que nos dijo que el recorrido previsto para el circuito de la cocina obligaba a picar un muro de carga. Cambiamos el trazado en una tarde. Estando ya levantado, habrían sido tres días.
Shopping list, mediciones y pliego de acabados
El documento que más agradecen los clientes es también el menos glamuroso: una tabla con 147 líneas donde cada elemento tiene referencia, proveedor, precio unitario, cantidad, plazo de entrega y responsable de compra.
| Elemento | Referencia | Plazo entrega | Compra |
|---|---|---|---|
| Pavimento porcelánico 120×20 | Roble natural rectificado | 12 días | Constructora |
| Grifería monomando lavabo | Acabado negro mate | 21 días | Cliente |
| Carpintería interior lacada | RAL 9003 satinado | 35 días | Constructora |
| Encimera cocina | Cuarzo compacto 20 mm | 18 días | Constructora |
La columna de plazos es la que salva calendarios. La carpintería lacada de 35 días hay que pedirla en la semana 4, no en la 9, aunque no se instale hasta la 11. Aquí nos saltamos nuestra propia regla con un armario de baño y pagamos ocho días de retraso por ello. (Sí, nuestra propia regla. Escrita por nosotros. En nuestro propio manual.)
El pliego de acabados lo firmamos con muestras físicas pegadas en papel, no con fotos. Un porcelánico en pantalla y ese mismo porcelánico bajo luz cálida de 2700 K no se parecen lo suficiente como para decidir sobre una captura.

Fase 4: coordinación de gremios y seguimiento en obra
Qué recibes mientras se ejecuta:
- Calendario con dependencias reales entre gremios, actualizado cada semana
- Acta de cada visita con fotos, incidencias y decisiones, el mismo día
- Registro de modificaciones con su impacto en coste y plazo
Nueve semanas de ejecución. Cuatro gremios: albañilería, electricidad, fontanería y carpintería. Más dos industriales externos con calendario propio, el de la encimera y el del vidrio del baño.
Nuestro papel aquí no es dar órdenes. Es traducir. El plano dice una cosa, el albañil interpreta otra y el cliente imaginaba una tercera; alguien tiene que sentarse a verificar que las tres coinciden antes de que el mortero fragüe.
Total, que coordinar consiste en tener un calendario con dependencias reales. El electricista no cablea hasta que estén levantados los tabiques; el de la encimera no mide hasta que los muebles bajos estén anclados; el pintor no entra hasta que la carpintería esté colocada. Un solo eslabón movido desplaza todo lo que viene detrás.
Las visitas de obra y las decisiones que no pueden esperar
Hicimos 16 visitas en nueve semanas. Dos por semana en las etapas críticas, una semanal en las de acabados. Cada una generó un acta con fotos, incidencias detectadas y decisiones tomadas, enviada el mismo día antes de las 20:00.
Hubo tres decisiones que no admitían espera. La primera, en la semana 3: al retirar el falso techo apareció una viga descolgada 18 centímetros que no figuraba en ningún plano del edificio. Resolvimos en 48 horas convirtiéndola en un cambio de nivel intencionado con una moldura de transición.
La segunda fue un error nuestro, y conviene decirlo: habíamos cotado el hueco del lavavajillas a 60 cm cuando el modelo elegido pedía 59,8 de hueco libre más holgura de ventilación. Dos centímetros. Nos costó rehacer un lateral de mueble y 240 euros que asumimos nosotros.
La tercera, en la semana 7, fue el retraso de la carpintería. Reorganizamos el orden de pintura para no parar nada y recuperamos cinco de los ocho días perdidos.
Qué entregables recibes en cada hito y cuándo se paga cada uno
Esta es la pregunta que debería hacerse en la primera reunión y que casi nunca se hace. Nuestros honorarios se reparten en cuatro hitos ligados a entregables verificables, no al calendario:
| Fase | Entregable que recibes | Plazo en este encargo | Hito de pago |
|---|---|---|---|
| 1. Entrevista y toma de datos | Briefing firmado + planta de estado actual | 11 días | 20 % |
| 2. Concepto y distribución | Tres propuestas + volumetría 3D aprobada | 18 días | 30 % |
| 3. Planimetría y materiales | 23 planos + pliego de acabados + shopping list | 16 días | 30 % |
| 4. Coordinación y cierre | Actas de visita + dossier final as-built | 9 semanas | 20 % |
Lo relevante no son los porcentajes, sino que cada pago va contra un documento que puedes abrir, leer y archivar. Si en el hito 3 no recibes planimetría ejecutable y mediciones, no hay nada que pagar.
El dossier final incluyó aquí: planos as-built, 147 referencias con garantías y proveedores, manuales de los equipos instalados y un esquema eléctrico actualizado con los cambios de ejecución. Ese último papel vale oro dentro de seis años, cuando alguien quiera colgar una estantería sin perforar un circuito.
Si estás comparando propuestas y ya tienes sobre la mesa más de un presupuesto de un estudio de interiorismo en Madrid, pide el listado de entregables por hito antes incluso de mirar el precio final. Dos presupuestos con la misma cifra pueden esconder alcances que difieren en un 40 % de trabajo real.

Resultados del encargo: plazos cumplidos, desviación real y aprendizajes
Entrega: 19 de diciembre. Tres días antes de la fecha comprometida, aunque con ocho días de retraso interno recuperados a base de reordenar el calendario de acabados.
Presupuesto inicial de ejecución: 71.400 euros. Cierre final: 76.260 euros. Desviación del 6,8 %, por debajo del 10 % que marcamos como umbral aceptable en vivienda antigua. De esos 4.860 euros de más, 3.100 vinieron de la viga no documentada, 1.520 de mejoras solicitadas sobre la marcha y 240 del error de mueble que asumimos nosotros.
¿Es replicable este resultado? Parcialmente. En edificios anteriores a 1975 sin documentación técnica, la probabilidad de encontrar al menos una sorpresa estructural ronda el 60 % según lo que llevamos registrado nosotros (insisto: nuestro registro, no un estudio del sector). Por eso reservamos siempre una partida de imprevistos del 8 %, y por eso recomendamos no comprometer fecha de mudanza hasta pasada la semana 4 de ejecución.
¿Qué cambiamos después? Dos cosas. Primera: ahora los pedidos con plazo superior a 30 días se lanzan en la semana 3, sin excepciones y sin esperar a que el cliente cierre el último detalle decorativo. Segunda: incorporamos una inspección con endoscopio de falsos techos en cualquier inmueble anterior a 1980. Cuesta una hora más. Ahorra semanas.
Y hubo un tercer cambio, más incómodo. Durante años creí que el valor de un proyecto de interiorismo estaba en la propuesta espacial. Después de este encargo y de unos cuantos más, cambié de opinión: el valor está en la documentación. La idea buena la puede tener cualquiera en una servilleta; lo que casi nadie hace es convertirla en 61 páginas que permitan ejecutarla sin discutir delante del albañil.
Creí también, durante bastante tiempo, que presentar más opciones era ser más generoso con el cliente. El encargo de Alcobendas me enseñó lo contrario y hoy trabajo justo al revés: menos alternativas, más argumentadas. (Siete semanas perdidas son un profesor muy eficaz.)
Preguntas que todo cliente hace antes de firmar
¿Qué hace exactamente un interiorista?
Analiza y diagnostica el espacio, diseña la distribución y la funcionalidad, selecciona materiales y acabados, redacta la documentación técnica (planos, renders y mediciones) y coordina los gremios durante la ejecución. Es decir: interviene sobre lo que no se puede cambiar después sin romper nada.
¿Qué diferencia hay entre un interiorista y un decorador?
El ámbito de intervención. El interiorista toca distribución, instalaciones y materiales, y lo hace con documentación técnica que un gremio puede ejecutar. El decorador trabaja sobre el acabado estético de un espacio ya definido: textiles, mobiliario suelto, color, iluminación decorativa. Son servicios complementarios, no sustitutivos, y confundirlos es la causa número uno de expectativas rotas.
¿Cuánto cuesta el servicio de diseño frente al coste de obra?
En nuestros encargos residenciales, proyecto y dirección se han movido históricamente entre el 8 % y el 14 % del presupuesto de ejecución; aquí fueron el 11,2 %. No lo presento como media del sector, porque esa media no está publicada en ninguna fuente seria. La cifra asusta hasta que se compara con la desviación de las ejecuciones sin proyecto que hemos podido documentar, que supera el 20 %.
¿Puedo contratar solo la fase de diseño y ejecutar por mi cuenta?
Sí, y lo hacemos con bastante frecuencia. El riesgo es conocido: sin dirección facultativa, las decisiones imprevistas las toma el gremio que esté ese día en la vivienda. De los proyectos que entregamos sin seguimiento, aproximadamente uno de cada tres vuelve a contactarnos a mitad de ejecución.
¿Qué documentación entrega un interiorista al terminar?
Un dossier de cierre con planos as-built, listado de referencias con garantías y proveedores, manuales de equipos y el esquema eléctrico actualizado con los cambios reales. Si al acabar solo te entregan fotos bonitas, falta la mitad del trabajo.
¿Qué pasa si no me gusta ninguna de las tres propuestas?
Se reformula el briefing, porque el fallo ha sido de interpretación, no de dibujo. Nos ha ocurrido dos veces en doce años. En ambos casos la cuarta propuesta salió de una pregunta que no habíamos hecho en la primera reunión.
¿Cuánto se tarda desde la primera llamada hasta tener llaves?
Para una vivienda de entre 80 y 110 m² con reforma integral, nuestro rango realista es de 16 a 22 semanas totales: entre 5 y 7 de proyecto y entre 9 y 14 de ejecución. Quien te prometa ocho semanas no ha contado los plazos de suministro.
¿Y si vivo en la casa durante las obras?
Entonces el plazo se alarga entre un 25 % y un 40 %, porque se ejecuta por fases y hay que mantener siempre un baño y un punto de cocina operativos. Lo hemos hecho, funciona, pero conviene saberlo antes de firmar y no en la semana 2.
Si algo he aprendido en doce años es que el cliente informado toma mejores decisiones y discute menos. Por eso publicamos estos desgloses con cifras reales en el blog de OOIIO Arquitectura, con los errores incluidos y sin redondear hacia arriba las semanas que se nos fueron de las manos.





